miércoles, 23 de agosto de 2017

¿NO NOS AJUSTAMOS A UN DENARIO?

La frase que a veces me da vueltas en la cabeza es:

"¿No nos ajustamos en un denario?" (Mt 20, 13).

Sí, es verdad que nos ajustamos a un denario. Pero nuestra justicia, mi justicia, no es como la tuya. A nosotros nos parece justo que se pague el salario, según las horas o/y responsabilidades que haya trabajado. Para el Señor, su justicia es pagar con lo que la persona necesita.

El denario, el salario para vivir justamente un día, ¿cuál es hoy para mí? ¿Qué necesito?
Mi necesidad, en este momento, no es material, sino espiritual.

Necesito el "alimento" diario necesario, para seguir renovando y actualizando mi compromiso. Hoy, no necesito ningún "alimento extra"; con él denario trabajando todo el día a pleno sol, me vale. Pero, hay otros días que no puedo trabajar tanto y él me sigue pagando lo que necesito, que puede que ese día sea otra cosa, pues la necesidad es diferente.

Confío -lo mismo que los trabajadores de la segunda tanda en adelante- en que él me va a pagar lo debido. Lo mismo que él confía en que voy a realizar lo que él me pide, como mejor puedo.

Señor, aquí estoy.
Gracias por "alimentarme" en este tiempo de oración, para poder llevar a cabo la misión que me has encomendado.
Gracias por confiar en mí.

martes, 22 de agosto de 2017

EN LAS LECTURAS DE HOY

En las lecturas de hoy subrayo varias frases:

"El Señor está contigo, valiente". (Jueces 6, 12)

"Perdón; ¿cómo puedo yo librar a Israel? Precisamente mi familia es la menor de Manasés, y yo soy el más pequeño en casa de mi padre.
El Señor contestó: –Yo estaré contigo". (Jueces 6, 15-16)

"El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna". (Mt 19, 29)

El Señor está conmigo, está contigo, está con todos nosotros y nos anima a seguir su llamada.

A veces pensamos que no está dirigida ese compromiso para nosotros, porque somos los más insignificantes, los que "menos valemos"... no nos sentimos capaces. Pero Él nos anima insistiendo que estará conmigo, contigo, con todos nosotros.

La respuesta normalmente implica "despojarnos" de cosas que para nosotros son de gran valor, a veces hasta de personas -aunque parezca fuerte está expresión-. No quiero decir que vayamos a abandonarlas, a olvidarnos de ellas, sino de cambiar su "relación" con ellas, como por ejemplo ocurre cuando dos jóvenes se casan, cómo cambia la relación con sus padres.

Ese despojo que al principio nos cuesta, nos ayuda a responderle con más libertad, de mejor modo.

Señor, como Pedro y muchas otras personas, yo también quiero dejarlo todo y seguirte.
Gracias por estar siempre conmigo, ayudándome a responder tu llamada.LAS

jueves, 10 de agosto de 2017

FRASE DEL EVANGELIO DE HOY

El que quiera servirme, que me siga (Jn 12, 26)

Oración: "Señor, tú dices: "el que quiera". Nos das libertad para responderte.
Señor, yo quiero. Quiero seguirte todos los días de mi vida."

miércoles, 9 de agosto de 2017

ORACIÓN AL COMENZAR EL DÍA

Al comenzar el día con el Evangelio y centrarme en el siguiente texto, terminé haciendo una pequeña oración, que sé que con su ayuda se llevará a cabo.

Mt 14, 27-31: Jesús les dijo en seguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. El le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

Señor, tú siempre me dices: Ven, sin tener que pedirte yo que me llames. Si me animo a dar el primer paso, a caminar hacia ti, a veces me entra el miedo que me paraliza.

Siempre que camino hacia ti, hay sacudida de olas, porque tú estás con los pobres y desfavorecidos; no puedo verte, sin verles a ellos; no puedo ir hacia ti, olvidándome de ellos.

El miedo al fracaso, al cansancio, al qué dirán de lo que hago, de lo que hacemos este pequeño grupo...
¡Y la violencia que hay donde menos te lo esperas a cualquier hora del día!

A pesar de todo, quiero responder a tu llamada, porque sé que siempre que lo necesite, tú me vas a extender la mano, me vas a animar a seguir adelante, acompañándome en el camino. Y quiero hacerlo en comunidad, como tú enseñaste pues, de este modo nos ayudamos mutuamente a caminar hacia ti.

sábado, 5 de agosto de 2017

LA LIBERTAD

Después de leer el Evangelio de hoy, vi un pequeño comentario de San Pedro Damián, en el que estaba escrita esta frase: Renuncia al derecho de sucesión del sacerdocio de su padre para poder anunciar, con toda libertad, al verdadero y soberano Sacerdote.

Y pienso:


  • A veces, por suceder un título, poder, posesión, renunciamos a hacer lo que de verdad nos gusta, nos atrae, a lo que nos sentimos llamadas, motivadas... Renunciamos a nuestra libertad.
  • A veces, para sentirnos incluidas, no excluidas de la sociedad, renunciamos a pensar, a reflexionar, siendo un modo más "cómodo" de vivir, con menos "esfuerzo"... pero... renunciamos a nuestra libertad de pensamiento.

Después de un pequeño silencio, recuerdo una frase que tenemos en nuestra espiritualidad de Hijas de la Cruz: En respuesta a esta llamada, libremente y por amor, elegimos vivir el Evangelio, siguiendo a Jesús.

Por eso quiero renunciar a esas tentaciones de "comodidad", de "no esfuerzo" que, a la larga me niegan la libertad, y vivir libremente y por amor, la llamada que yo siento, de seguir a Jesús, a pesar de las dificultades y esfuerzos que conlleve.



miércoles, 2 de agosto de 2017

EL TESORO ESCONDIDO

Hoy: "El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo."
Al volverlo a leer, mi primera impresión es que es egoísta porque lo vuelve a esconder, o sea, no quiere que lo veo ninguna otra persona para comprar el terreno donde está y, de ese modo, quedárselo él
Aunque también puede ser, porque piensa que s
i lo ve otra persona, puede quedárselo y no compartirlo y, si él lo esconde, después de comprar el terreno lo puede volver a sacarlo y compartirlo.
No sé cuál sería el verdadero motivo.
Lo que sí que es cierto es que vende todo lo que tiene para comprar la tierra que tiene ese tesoro, o para comprar la perla.
¿Y la comida, la casa que son cosas básicas para vivir? ¿Esa alegría tan fuerte por encontrarlo no le a dejado pensar las consecuencias de "despojarse" de todo lo que tenía? No creo que nada más comprarlo se ponga a vender el tesoro o la perla para sacar más ganancias. Por lo menos, no dice nada de eso. Se despojó de todo, para quedarse con esas cosas de gran valor pero, a la vez "pobre". Lo que está claro es que hizo un cambio total en su vida y eso me recuerda un poco mi historia y segura que la de otras muchas personas.
Al principio, cuando empecé a cuestionarme entrar en una congregación, la motivación era "mi" felicidad. El compromiso como laica no me terminaba de llenar. A la vez, tenía dudas de poder responder a esta llamada. Pero todo lo veía en primer lugar, como modo de realizarme. Hasta cierto punta, mi respuesta también era egoísta.
Tras unos años ya en la congregación, en ciertas situaciones no respondería a ciertas llamadas. Estaría yo tranquila en casa descansando o paseando por la calle. Diría a mi Congregación: "No me voy a comprometer a esa misión". O al ver que está llamando una mujer en concreto, que habla como mínimo una hora, no la abriría la puerta pues, ni hay señales que esté yo en casa. Pero no.
Me comprometo y escucho a la persona, porque la mirada de cómo y desde dónde ver las cosas ha cambiado. Lo que al principio era para realizarme, era para "mi" felicidad, ahora es para la felicidad de los demás. El pequeño despojo material que tenía y el gran cambio de cómo vivir mi vida cotidiana, fue cambiándome por dentro, que eso mismo hizo que mis preferencias materiales fuesen otras. Me hizo trabajar para conseguir esas cosas necesarias para vivir, pues sólo tenía terreno pero no casa, y compartir el tesoro, la perla, que es el Amor de Dios.

domingo, 23 de julio de 2017

EL TRIGO Y LA CIZAÑA

Al leer el evangelio de hoy que tantas veces lo he leído pero, no siempre llegaba a comprenderlo en mi propia vida, me centré en unas frases:

Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero él les respondió: “No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: ‘Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero’”.

Y pensé que dentro de mí tengo trigo y cizaña. Me venía a la mente esa imagen -creo que de Oriente- que significa que toda persona buena tiene algo de malo y, toda mala tiene algo de bueno.

Si me quitasen la cizaña, o mejor dicho, para poder quitarme mi cizaña, tengo que quitarme la vida, tengo que morir -aunque suene muy fuerte- porque no existe ninguna persona perfecta y, no voy a ser yo más. Hasta que muera, tendré dentro de mí trigo y cizaña, cosas buenas y malas, entrega y pereza, dedicación y egoísmo...

Lo que puedo intentar hacer es que crezca más el trigo que la cizaña, tenga más actitudes y hechos de compartir y entrega, de servicio, en vez de egoísmo y pereza, de ser servido (Mt 20, 28), de compasión y no de frialdad (Lc 6, 36), de ternura y no de dureza (Jr 31, 20), de amor -con todo lo que compromete- y no de odio. (1 Jn 4, 8).

Cuando me muera, el Padre me quitará mi parte negativa y la quemará. En su presencia el pecado no existe; allí junto a él, sí que seré perfecta pues habré llegado a mi vida plena.