martes, 23 de mayo de 2017

LAS COMIDAS DE JESÚS (conclusión)

Después viene el encuentro con Jesús en el camino de Emaus donde le reconocen al partir el pan, es decir, le reconocen en la comida. La Eucaristía es también un signo y alimento de nuestra fe ya que, los que participamos en ella, renovamos cada día nuestra creencia en Jesús y en su Palabra.

También aparece más veces Jesús Resucitado, estando los discípulos en la mesa o Él mismo les invita a comer. La comida compartida es un lugar donde sentimos con más facilidad la presencia de Jesús y la llamada que nos hace a cada uno de nosotros. Él mismo nos invita a comer con Él, para que sigamos sintiendo su presencia en medio de nosotros.

Como conclusión, recojo las palabras que pueden hacer una pequeña síntesis de toda esta reflexión  y es que: en las comidas, Jesús nos da la gracia de sentirnos perdonados, reconocer nuestra humildad y, desde esta actitud seguir el consejo de María, “Haced lo que él os diga”.

¿Cómo debemos hacerlo? Nos lo dejó bien claro: teniendo compasión, ayudando y compartiendo.
Para ello, primero tenemos que sentirnos “dignos” de ser llamados. Después debemos estar disponibles, que nos lleva a estar alertas ante las necesidades y llamadas que nos hace cada día, llevándonos a un compromiso, llevándonos a hacer como Él hizo con nosotros.

La Eucaristía compartida es signo -lugar donde hacemos visible su presencia- y alimento de nuestra fe, que nos sigue impulsando el compromiso adquirido como cristianos, como seguidores de Jesús, como hijos de Dios.

LAS COMIDAS DE JESÚS (tercera parte)

Otras dos comidas señaladas de Jesús son las multiplicaciones de los panes. Estas comidas son otra enseñanza: nos enseña la “com-pasión” por los demás; la compasión verdadera nos debe llevar a implicarnos en esa misión de “ayudar”; y el mejor modo de ayudar es “com-partiendo” lo que tenemos.

Están las parábolas en las que hace referencia a las comidas. Una de ellas es el banquete nupcial y aquí me centro en dos frases: “la boda está preparada pero los invitados no eran dignos” y “cuando entró el rey a ver a los comensales vio allí uno que no tenía traje de boda”.

Mi primera pregunta es: ¿por qué no eran “dignos? ¿Jesús acogiendo a los marginados no buscaba la dignidad de las personas? Sí, eso buscaba pero, por mucho que él luchase por conseguirla, si esas personas -en las que yo me incluyo- no quisiésemos nuestra dignidad -porque, a pesar de ser “esclavos” sentimos “seguridad”- no habría servido de nada. Si queremos seguir siendo esclavos de tantas cosas que nos ofrecen, que van en contra del seguimiento a Jesús, que van en contra de la persona, nosotros mismos nos estamos quitando la dignidad.

También me llama la atención que un comensal no tenía el traje de boda. Pero ¿qué es el traje de boda? El traje boda, la ropa que llevo, refleja lo que es pala mí lo que estoy celebrando, la disponibilidad que tengo en ese encuentro. Puedo estar físicamente en una boda pero, solo haber ido por obligación, o sea, sin desear estar en ella sino, todo lo contrario,desear que termine todo para poder irme de allí.

Probablemente el texto de Mt 25, 1-13 no se hubiese puesto dentro de una comida pero, estas diez mujeres tenían que estar con sus lámparas encendidas esperando que les llamasen para entrar en el banquete de la boda. Por lo tanto, hay banquete, hay comida, hay encuentro con el Padre, pero tenemos que estar alerta para escuchar cuando nos llame.

Luego llegamos a la institución de la Eucaristía que fue en una cena, o sea, otro encuentro en medio de alimentos, en medio de comida. Quitando todo eso de la transubstanciación -que para mí es secundario- el hecho de comer de ese pan me compromete a seguirle; cada vez que como, que comulgo, renuevo mi compromiso de cristiana, y de un modo más personal, renuevo mi compromiso de Consagrada, de Hija de la Cruz.

La última cena del evangelio según la comunidad de San Juan, tiene mucho contenido pero, yo me quedaría con el lavatorio de los pies, que siempre recordamos el Jueves Santo y con la frase de Jesús: “Porque os he dado ejemplo, para que vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros (Jn 13, 15)”. 

LAS COMIDAS DE JESÚS (segunda parte)

    Esa misma actitud tuvo con los fariseos pues, aunque muchos de ellos se sintiesen los perfectos por cumplir la Ley, Jesús también les enseñó la Misericordia del Padre, perdonando a la pecadora. Una persona pecadora con un espíritu humilde, está mucho más cerca de Dios, que una “perfeccionista” -que no perfecta, pues no existen- como se creían algunos fariseos.

En las bodas de Caná, según el evangelio de la comunidad de San Juan, comienza Jesús su misión. Aunque para mí lo más importante son las palabras de María: “Haced lo que él os diga”. Además concluyo: y todo dará su fruto. Puede que ese fruto ni sea visible, o que sea difícil llevarlo a cabo, pero eso no quiere decir que no exista. El hecho de seguir manteniendo la alegría y fiesta de la boda, es un hecho importante que marca para siempre a esas dos familias que se unen por medio del matrimonio de los dos protagonistas. ¡Hay tantos “milagros” invisibles que se pueden “saborear”!

De todos modos, esto mismo me hace reflexionar otra cosa pues, la “pedagogía” del ser humano es recibir una recompensa después de un esfuerzo. Esto me hace recordar a una de mis abuelas, que nos decía a los nietos: si venís conmigo a Misa, os invito a un chocolate con bizcocho. Siempre que comparto esta frase, me dicen que no era una buena “pedagoga” pero, resulta que hasta siendo adultos queremos una compensación o premio. El mismo Pedro preguntó a Jesús qué se Ganarían” por seguirle. Con esto no justifico que siempre tengamos que recibir algo a cambio, sino que reflejó la necesidad del ser humano de “recibir” algo.


A la vez me pregunto: ¿Jesús qué recibió con lo que hizo? Seguro que muchos responderán que la crucifixión, la muerte humillante y dolorosa. Y en parte, tienen razón pero… solo en parte. Sin negar ese hecho y olvidando en este momento su resurrección -pero no negándolo- él se sintió y fue una persona libre, al realizar lo que su fe en el Padre y su conciencia le decía. En cambio, si ante la primera amenaza se hubiera paralizado, probablemente no habría muerto de ese modo, pero se habría sentido atado, preso -aunque no de modo “físico”-, se habría sentido sin libertad.

lunes, 22 de mayo de 2017

LAS COMIDAS DE JESÚS

Esta vez quiero compartir, en varias partes, un trabajo que hice sobre las comidas de Jesús.

La motivación de esta reflexión me la dio un profesor y amigo, que dio unas clases de Cristología y fue el que nos propuso varios temas para reflexionar y teníamos que elegir uno de ellos. Nada más ver los títulos que propuso, elegí el de "las comidas de Jesús".

Después de realizarlo, me vino la idea de compartirlo por este medio.

No es ninguna "perfección", como no es nada de esa "categoría" de lo que comparto en este medio pero, lo mismo que cuando otros comparten sus reflexiones, muchas veces me ayudan, quiero publicar la mía, deseando que también les cuestione y ayude a ustedes.

LAS COMIDAS DE JESÚS

Si nos fijamos e la variedad de culturas, por muy diferentes que sean hay en algunas cosas que tenemos en común, como es celebrar algo comiend
o. Puede ser un casamiento, un cumpleaños… y en algunos lugares hasta el funeral se celebra con comida, pudiendo tener en cada lugar o/y celebración un significado diferente.

La comida para los judíos era algo muy importante y para reflexionar este tema he querido centrarme en los cuatro evangelios, de donde he sacado este pequeño esquema:

• Comida con publicanos (Mt 9, 10-14; Mc 2, 15-17; Lc 5, 29-32)

• Comida con fariseos: la pecadora perdonada (Lc 7, 36-50)

• Las bodas de Caná (Jn 2, 1-12)

• Multiplicaciones de panes:
     1. (Mt 14, 13-21; Mc 6, 31-44; Lc 9, 10-17; Jn 6, 1-13)
     2. (Mc 8, 1-10, Mt 15, 32-39)

•  Parábolas con comidas :
    o Parábola del banquete nupcial (Mt 22, 1-14; Lc 14, 16-24)
    o Parábola de las diez jóvenes del cortejo (Mt 25, 1-13)

• La institución de la Eucaristía (Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-25; Lc 22, 19-20; 1 Cor 11, 23-25)

• Última cena de Jesús con sus discípulos Jn 13, 1-17, 26

• Tras la resurrección:
    o La aparición de Jesús a los discípulos de Emaús (lc 24, 16-35)
    o La misión universal de los apóstoles (Mc 16, 14-16; Mt 28, 16-20; Lc 24 36-51; Jn 20 21; Hech 1, 8)

Y es que, Jesús comió con publicanos, con pecadores, o sea, con personas que no cumplían la Ley pero, él no los marginó. A pesar que, comer con un grupo de personas significaba mucho más que el hecho solo de comer; significaba que aceptabas a esas personas. Comer con gente “pecadora”, era “contaminarse”. La dinámica de Jesús no era convencerles a que cambiasen de vida, se convirtiesen, y después comer con ellos, sino lo contrario. El comer con ellos, hacía que se sintiesen perdonados y, el escucharle en esas conversaciones y sobremesas que seguro que hubo en medio de las comidas, es lo que les movió a muchos de ellos a que mudasen su vida.

domingo, 30 de abril de 2017

martes, 25 de abril de 2017

UNA COMIDA ESPECIAL

Un día de labor, lo que iba a ser una comida “normal”, terminó siendo “especial”… aunque no en lo que comí, sino en lo que me rodeó. Y esto es lo que quiero compartir.

Trabajo en un centro de día de personas con alguna deficiencia y habitualmente, si hace buen tiempo, en la media hora que tengo para comer, salgo. Voy a un parque que hay próximo y está en continuo movimiento de gente que lo atraviesa con sus mascotas, con sus hijos, con sus parejas, solos… Otros se quedan sentados. Algunos rostros para mí ya son conocidos.

Algunos días, hay puestos de venta de artesanías. Y resulta que, coincidiendo con una jornada artesanal, pasaba un señor con una bicicleta donde transportaba sus termos y una cesta bien grande cubierta con una tela blanca.

Me vio sentada comiendo y me ofreció un café, un cortado, un mate o un capuchino, por un precio barato. Su rostro y su modo de hablar reflejaban que era una persona probablemente con Síndrome de Down. Nos pusimos a hablar y al de poco, apareció un chico al que le debió de ofrecer sándwiches que tenía en la cesta grande.

A mí, como me vio con comida, se imaginó que eso no querría.

También tenía pan dulce echo por su mujer que, a causa de la diabetes se quedó ciega.

Contemplarle y dialogar con él: una persona que la naturaleza le ha hecho asumir una de las limitaciones -no normales, pues no la tenemos todos- pero, a pesar de todo, quiere conseguir con su esfuerzo y el de su mujer -el pan de cada día”… me movió por dentro.

Su compañía fue para mí un testimonio inolvidable. Y los días de la venta de artesanías, cuando estoy comiendo, no paro de mirar a la gente, para ver si tengo la oportunidad de saludarle otra vez, pedirle un cortado y comprar un pan dulce hecho con esfuerzo y cariño, para compartirlo con mis hermanas, mis amigos u otras personas que me encuentre por el camino.